Dulce niña de mi vida,
dulces ojos de mis sueños,
a usted darè lo que pida,
ponièndolos mis empeños
en, de èsta forajida,
cumplir todos sus ensueños.
Que sus ojos he amado,
ahì hallè mi destino,
mi futuro y mi pasado.
Y en ellos examino,
todo lo que he logrado.
Lo que fue fallo y atino.
Aquellos que he amado
y se ha llevado el sino.
Pasiones ahora abstractas
que antes yo he gozado,
pero que siguen intactas
en mi corazòn maltratado.
Son èstos y màs recuerdos
los que en tus ojos miro,
incluyendo desacuerdos
que se van en un suspiro.
Tu pureza en frenesì,
la belleza de tu mente,
tu dulce boca carmesì,
me atraen naturalmente.
Pero lo que màs adoro,
lo que sueño en la mañana,
es màs valioso que el oro,
màs celestial que el Guadiana,
eterno cual sicomoro;
son tus ojos avellana.
a usted darè lo que pida,
ponièndolos mis empeños
en, de èsta forajida,
cumplir todos sus ensueños.
Que sus ojos he amado,
ahì hallè mi destino,
mi futuro y mi pasado.
Y en ellos examino,
todo lo que he logrado.
Lo que fue fallo y atino.
Aquellos que he amado
y se ha llevado el sino.
Pasiones ahora abstractas
que antes yo he gozado,
pero que siguen intactas
en mi corazòn maltratado.
Son èstos y màs recuerdos
los que en tus ojos miro,
incluyendo desacuerdos
que se van en un suspiro.
Tu pureza en frenesì,
la belleza de tu mente,
tu dulce boca carmesì,
me atraen naturalmente.
Pero lo que màs adoro,
lo que sueño en la mañana,
es màs valioso que el oro,
màs celestial que el Guadiana,
eterno cual sicomoro;
son tus ojos avellana.
Mikel Arquette Cruzcia